“Transformin no es el protagonista, sino la gente a la que ayuda”: Entrevista a Ricardo Jiménez Rodríguez y Andrés Gómez Jiménez

A veces, ayudar no significa necesariamente hacerlo bien. Los creadores de la serie mexicana “Las Fantásticas Aventuras de Transformin” cuentan cómo dieron vida a su primer proyecto animado. 

Un viejo en calzoncillos que se transforma en objetos para ayudar (aunque casi siempre deja todo peor) suena muy disparatado y un poco terrorífico. Curiosamente, así nació Transformin: una serie animada que pasó de ser un chiste entre primos a convertirse en piloto oficial de Adult Swim Latinoamérica.

En plena pandemia, Ricardo Jiménez Rodríguez y Andrés Gómez Jiménez, dos artistas mexicanos, se mandaban audios cargados de humor absurdo hasta que, luego de muchas risas, dieron con la idea que terminaría en una serie animada: un anciano que se transforma usando su cuerpo en cualquier cosa… con resultados tan caóticos como cómicos. Lo que empezó como bromas privadas culminó en un piloto animado, mostró su mejor cara en Pixelatl y se ganó un lugar en la irreverente programación de Warner Bros. Discovery.

En esta charla, los creadores cuentan cómo un simple dibujo de un viejito con forma de taza se volvió el corazón de Transformin, los trucos (y dolores de cabeza) de producir animación independiente en Latinoamérica y las extrañas reglas que gobiernan a su protagonista.

¿Cómo se conocieron y llegaron a la animación?

Ricardo Jiménez Rodríguez: Somos primos. Yo no estaba para nada en animación, soy arquitecto, pero me gusta mucho la ilustración. Realmente lo que hago es ilustración.

Andrés Gómez Jiménez: Yo estudié animación y ya llevo trabajando en la industria como seis, siete años. De ahí vino un poco la combinación de los dos backgrounds.

Hace años que vienen haciendo proyectos, ¿no? Desde que eran chicos.

Andrés: Sí, sobre todo cuando éramos más chicos. Ricardo y otros primos hacían cortitos en live action con tonterías que se les iban ocurriendo. Yo más bien era un actor, pero los autores intelectuales eran ellos. Y nuestras conversaciones, el 70% de las veces, son absurdas. De ahí también van saliendo las ideas.

¿Y así surgió la idea de Transformin?

Ricardo: Fue algo así. Trato de acordarme exactamente, pero no lo tengo tan claro. Fue en la pandemia, estaba encerrado con mi esposa, y con ella hago voces e invento personajes. A veces teníamos conversaciones donde no era yo, sino una viejita, y ella atacada de risa. No me acuerdo por qué salió lo de “Soy Transformín”, solo decía eso todo el tiempo. Luego hice un dibujito de un anciano desnudo que se transformaba en una taza y se lo mandé a Andrés; y de ahí ya toda la idea de animarlo.
El primer piloto que tenemos en el canal de Estudio Comala en YouTube surgió de notas de voz, grabaciones. Un poco random.

¿El piloto lo hicieron exclusivamente ustedes dos?

Andrés: Sí, justo fue en la pandemia. Nos organizamos para hacer el piloto, que prácticamente todo el guion era la nota de voz que fuimos puliendo. Ahí está prácticamente la idea completa. Entre los dos lo estuvimos trabajando, y sacamos el piloto para YouTube, que al final creo que fue lo que nos ayudó a la hora de pitchear.

Pixelatl fue en 2023, tres años después. ¿Cuál fue su preparación para el pitch?

Ricardo: Teníamos la Biblia desde 2021, porque intentamos pitchear ese año. El piloto lo hicimos a finales de 2020, lo publicamos en 2021 y mandamos la Biblia, pero no quedamos porque la convocatoria era más para niños. Según yo sí era para niños, pero bueno… (Se ríe).
En 2023, Andrés se dio cuenta, creo que una semana o dos antes de que cerrara la convocatoria, me mandó el screenshot de que estaba abierta y era para adultos. Entonces rápidamente modificamos un poco la Biblia para enfocarla a adultos y le metimos el link al piloto que ya teníamos. Y quedamos seleccionados. En ese entonces Andrés ya estaba trabajando en Canadá.

Andrés: Yo no fui al pitch, pero fui en espíritu porque Ricky llevó una máscara mía que se puso su esposa allá a la hora de pitchear. (Se ríe)

Ricardo: Era una máscara de una hoja de papel bond recortada con la foto de Andrés y unos hoyos que hice con lápiz para los ojos detenida con cinta diurex.
La verdad sí estaba super nervioso porque no estoy en la industria, entré para Transformín. Pero ensayamos lo que íbamos a decir y tratamos de que fuera chistoso. Y también ayudó mucho tener el piloto, porque más que contarles cómo iba a ser, ya había una prueba del humor. Parte de lo que funciona en Transformín es el timing, los silencios, las interrupciones, que son difíciles de plasmar en una Biblia.

¿Qué creen que tenía su proyecto que hizo que destacara frente a los otros?

Ricardo: Solo hubo uno o dos que no vi porque no quería tener expectativas. Como no tenía experiencia en esto, quería llegar y ver qué salía. Los que vi tenían una calidad super buena, proyectos super chidos, con animación excelente y buenas historias. Creo que lo que no tenían algunos era el tipo de comedia. Había uno que se veía muy padre, basado en un cómic, pero más oscuro. Otro muy chistoso de Jesucristo, con arte increíble. Otro de un chavo de Aguascalientes que hace webcomic. Todos muy buenos. El de “Mi amigo el alienígena violento”, que ya tiene más de dos o tres episodios, la animación y el arte estaban increíble. Pensé que estaba entre ellos y nosotros. Al final creo que es un poco de suerte y de quienes están tomando la decisión. Tal vez mi personalidad y el proyecto hicieron más click con la gente de Warner. Porque nuestro piloto no tenía la calidad que tenían los demás, lo hicimos con poco tiempo y pocas manos.

El concurso era para un piloto y ustedes hicieron dos. ¿Fue idea suya o surgió de Warner?

Andrés: Fue como darnos de topes con la pared 30 veces antes de decidir. Queríamos hacer un piloto de 10 minutos, pero hablando con el equipo de Warner nos dijeron: “¿Por qué no tratamos de hacer cápsulas cortas?”. Porque vieron que funcionaba a partir del piloto. Dijimos “puede ser buena idea” porque Transformín se presta para eso: hay un problema, Transformín trata de resolverlo, hace un desastre y se resuelve pero todo acaba mal. Queríamos hacer seis cápsulas de dos minutos, pero mientras escribíamos vimos que no duraban dos minutos sino cinco, y no íbamos a poder hacer ni tres.
Entonces hablamos con Warner y dijimos: “Vamos a hacer dos capítulos de cinco minutos”. La verdad, en retrospectiva, debimos haber dicho “solo uno de cinco”, porque el dinero no daba para dos. Pero lo sacamos, y con cada capítulo nos pusimos más ambiciosos con el look y la técnica. Por esa parte estamos orgullosos, aunque nos pusimos a pie al nivel de estrés que vamos a tener que estar manejando.

Pasaron de dos personas a un equipo. ¿Cómo encontraron a la gente y qué aportaron?

Ricardo: Muchísimo. Casi toda la gente trabajó un poco por amor al arte. A todos les pagamos, menos a un par de amigos. Pero a nadie le pagamos lo que valía su trabajo porque no nos daban los recursos. Fue gente muy dedicada que le gustaba el proyecto, que querían aprender. Casi todo está hecho en Blender, salvo algunas cosas de edición en Da Vinci y el audio en un estudio. Blender no es estándar en la industria, entonces tuvimos que ser maestros sin ser expertos. El equipo creció hasta más de 30 personas, no me lo imaginaba.

Andrés: Sí, empezó orgánico. Al principio hacíamos storyboards y diseños nosotros dos. Lo que más nos costó trabajo fue como medir el dinero que teníamos porque al principio, incluso sabiendo que no era tanto, pensábamos que iba a rendir más. Nuestra tirada al principio era: vamos a tener dos, tres animadores que nos ayuden, un artista de fondos y una persona que nos ayude con el 3D. Pero ya conforme fuimos avanzando, nos dimos cuenta que no íbamos a salir en tiempos con un equipo tan chico.
Pero fue poco a poco. Porque los animadores cuando entraban, no podían dedicarse full time a nuestro proyecto. Tuvimos que armar un modelo en el que pudiéramos tener más animadores y fuera como pagar más por shot terminado, que yo no soy fan personalmente de ese sistema, pero pues al final tienes el dinero que tienes y tienes que adaptarte a lo que puedes hacer.

Lo que más me llevo de este proyecto es ver cómo mucha gente de la industria, al toparse con algo diferente, decide sumarse. Ellos mismos te dicen “pues sí, te ayudo”, aunque hacen tiempitos de otros trabajos que tengan. Está padre de ver, sobre todo por cómo está la industria ahorita, creo que a la gente le emociona tener la oportunidad de trabajar en un proyecto distinto.

Fue más de un año de trabajo, ¿Algo los tomó por sorpresa?

Andrés: Yo ya había trabajado en otras producciones como artista, no tienes como el panorama general de los proyectos, entonces justo la parte de cómo cada persona es diferente y cómo trabaja diferente y así adaptarte a eso. Digo, sí medio lo esperaba, pero al final como ya lidiar con eso sobre la marcha, pues a veces piensas que las cosas son como tú las trabajabas o como tú las haces y de repente ves que la gente hace otras cosas y tienes que tú adaptarte también a ellos, porque si te pones en “este es el carril y tienes que ir adentro del carril”, la gente luego no puede trabajar en tu sistema. Era esta flexibilidad de encontrarle la manera a cada persona, cuál es su personalidad, cómo trabaja y cómo poder sacarle el mayor jugo.

 Se transformaban en una especie de psicólogo

Andrés: Sí, justo, algo así. A veces salían problemas con la gente y me ha tocado en producciones en las que yo he trabajado que escuchas historias de terror de que alguien dice: “Pues tuve una emergencia” y le dicen “Ah, pues terminando tu emergencia te regresas a terminar lo que estabas haciendo porque necesitamos esto para mañana.” Y creo que eso solo aliena a las personas, o se salen del proyecto, o empiezan a trabajar menos, o ya hay como esta especie de tirria hacia ti.

La parte difícil también fue que éramos artistas, directores y productores al mismo tiempo. En producciones más grandes, el director y la producción están separados. Como director tú eres más amigo, hay una interacción amistosa de “Yo te estoy dando feedback de la parte artística”; y el productor es más de hacer cumplir con tiempos y calendarios. Y aquí se juntan esas dos. Es algo con lo que tienes que tener cuidado porque si empujas demasiado acá puedes perder la confianza de este lado, pero también si lo haces muy flojo con los deadlines, no avanza el proyecto. Esa es la parte más complicada y más estresante de llevar un proyecto independiente, que tienes que ponerte treinta sombreros al mismo tiempo.

Ricardo: Sí, y adicional a eso pues también teníamos aparte nuestras vidas y nuestros trabajos, de lo que comemos, que era aparte. Para nosotros fue un proyecto muy grande. Trabajar tanto tiempo con tanta gente fue complicado. Yo no me esperaba que fuera tan demandante, porque mi experiencia que tenía pues nada más era el piloto que hicimos entre los dos, que obviamente para la calidad que queríamos pues no se podía con dos manos. Eso sí me agarró un poco en curva, no dimensionaba la cantidad de tiempo que se le tenía que dedicar. Y pues al final lo hicimos, hubo meses intensos, pero estamos muy contentos con el resultado.

¿Hay ciertos principios o un dogma en general para crear a Transformin?

Ricardo: Pues creo que también eso fue evolucionando mucho sobre la marcha. Cuando empezamos con la idea para el piloto, era muy diferente a lo que quedó al final. Todas esas reglas de cómo iba a ser Transformin se fueron ajustando para lograrlo. Lo que sí teníamos muy claro, que tal vez costaba trabajo comunicar a Warner o a la gente, es que el personaje principal no es Transformin. El show se llama “Las fantásticas aventuras de Transformin”, pero realmente es sobre la gente a la que ayuda.

Andrés: Sí, justo. En el primero que hicimos para la convocatoria, el de la carretera, Transformin salía hasta como la mitad del capítulo. En el storyboard primero salía después: era el mamado de los clavos, luego el hada, y luego Transformin. Nos dijeron “oye, el show se llama así y no sale hasta la mitad.” Ahí hablamos que para nosotros el protagonista no es él, sino la gente que ayuda. Pero para que tuviera más presencia lo pusimos dormido en el coche desde el inicio. Así genera tensión: estás esperando qué va a hacer.
Otra cosa que se fue desarrollando fue cómo resuelve los problemas. Al principio, en el primer piloto, el final era chistoso pero no caótico. Después dijimos: “¿cómo podemos llevarlo más lejos?” y encontramos que no solo resolviera el problema de forma inesperada, sino que todo terminara medio mal, caótico, pero resuelto. Esa fue otra regla que surgió.

Adult Swim tiene fama de humor ácido y más experimental. ¿Cómo fue la conversación con los ejecutivos? ¿Hubo ida y vuelta?

Ricardo: Sí, nos daban mucha retroalimentación que nos ayudó a aterrizar ideas. Yo no tengo experiencia escribiendo, Andrés un poco más, pero no es lo que hacemos diario. Ellos tenían una visión más clara de qué podía funcionar, y nos ayudaron a pulir. Nunca fue impositivo: súper respetuosos y alivianados. En cuanto al humor, realmente no hubo muchas notas. Nuestro humor ya desde el pitch era raro, ácido, y por eso quedamos.

Andrés: Sí, prácticamente nos dejaron hacer lo que queríamos. Solo notas de “esto tal vez no se entiende” o como cuando Transformin no salía hasta la mitad. Nunca fue “cambien esto”, sino sugerencias. Nosotros decidíamos si tomarlas o no.

Si vuelven atrás, antes del pitch, ¿qué consejos se darían?

Andrés: Bajar un poco las expectativas de qué va a pasar con el proyecto. Con estas convocatorias a veces piensas que de aquí directo a la fama, pero Adult Swim los ve como ejercicios o te prometen nada ni hacen mucho por impulsar los proyectos que ganan estos concursos, no. Sí, hay una separación muy clara entre su línea principal y los proyectos de concursos.

Ricardo: Sí, al final es solo un piloto. Uno quiere creer que el tuyo será el que crezca, ojalá pase, pero hay que tener expectativas más realistas. Y también me diría a mí mismo que no imaginaba lo pesado que sería, toda la carga de trabajo mientras tienes tu vida y tu trabajo normal. Diría: “va a ser difícil balancear todo, y tal vez no vas a poder hacer todo lo que crees.” Eso para evitar estrés.

Para terminar: Si hoy aparece Transformin en sus vidas, ¿en qué los ayudaría? Sin prometer buenos resultados

Andrés: Yo necesito un teclado nuevo. Tal vez Transformin podría convertirse en mi teclado, uno que haga ruidos raros y de carne.

Ricardo: A mí me serviría que fuera mi bicicleta. Aunque no sé si me sentiría cómodo usando a Transformin de bici.