Alberto Vázquez: “Mi cine no busca agradar a todo el mundo”

El director español reflexiona sobre Decorado, el paso al largometraje y una animación que se aleja de lo convencional. En un panorama donde la animación continúa asociada, en gran parte, al público familiar, el cine de Alberto Vázquez se mantiene como una excepción. Sus películas no buscan la comodidad del espectador ni la resolución tranquilizadora de una moraleja clara: se mueven en un terreno incómodo, donde lo existencial, lo oscuro y lo profundamente humano conviven con personajes que, en apariencia, remiten a universos más inocentes.

Esa puja no solo define su obra sino también el lugar que ocupa dentro de la animación contemporánea. Mientras el largometraje sigue mostrando cierta homogeneidad, el director reconoce que es en otros espacios donde emergen nuevas búsquedas: “Siempre hay gente haciendo cosas increíbles, sobre todo en el cortometraje, que es más libre. No necesitas tanto presupuesto ni hay tantos intereses comerciales. Ahí ves todo el potencial de la animación: técnicas, estilos, propuestas experimentales”. Sin embargo, esa diversidad no siempre logra trasladarse al formato largo: “En el largometraje hay menos variedad. Aun así, hay películas muy buenas como Flow o Little Amélie… pero se hace menos”.

En su nueva película, la tercera con circulación internacional de la mano de GKiDS, esa lógica no solo se mantiene, sino que se redefine. Hay cambios visibles: una narrativa más estructurada, un uso del color más amplio y un proceso de producción más aceitado.

En conversación con este medio, Vázquez repasa su evolución como autor, el paso del cortometraje al largometraje, la construcción colectiva de sus películas y las decisiones creativas que inevitablemente quedan fuera. También reflexiona sobre el presente de la industria y un futuro que observa con preocupación, marcado por la irrupción de la inteligencia artificial y la posibilidad de una producción masiva difícil de sostener desde lo artístico.


La película tiene un final abierto, algo recurrente en tu obra. ¿Lo ves como una marca personal? 

Puede ser. La película es una antifábula. Las fábulas tienen moraleja; esta tiene antimoraleja. Deja al espectador con un sentimiento quizá negativo. Pero es que mi cine no busca agradar a todo el mundo. La animación es un medio para contar todo tipo de historias. Igual que en el cine de imagen real hay terror o drama, aquí también puede haberlo.

Para alguien que no conoce tu obra, ¿Cómo describirías Decorado?

Es una antifábula sobre el sentido de la vida y la libertad humana, protagonizada por animalitos. Habla de un mundo artificial y controlado, pero también de cómo los vínculos reales (el amor, la amistad, la intimidad) pueden salvarnos de esa artificialidad.

Pasaron varios años desde ese corto. Hay un cambio tanto estético como en el tono, incluso más dramático. ¿Cómo se dio ese proceso?

Cuando hice el corto no esperaba hacer un largometraje. El cortometraje tiene una narrativa muy de corto, con gags muy locos, sin una estructura clara. Pero unos años después conocí a Xavi Manuel, que es el coguionista de esta película, y juntos empezamos a desarrollar un proyecto de animación para adultos. Hicimos sinopsis de capítulos, expandimos las tramas, los personajes, la historia en general. La serie no salió, y dijimos: “Bueno, todo este trabajo que hemos hecho, vamos a hacer una película”.

Al principio intentamos trasladar ese estilo de gags, pero no funcionaba en 90 minutos. Acabamos con una narrativa más clásica. También nos parecía que la estética del corto, en blanco y negro con grabados del siglo XIX, era demasiado dura para un largometraje. Queríamos aprovechar las posibilidades expresivas del color y hacerlo visualmente más amable para llegar a más público.

Alberto Vázquez
Alberto Vázquez

Después de ver tantas veces la película durante el proceso, ¿cómo es reencontrarte con ella terminada?

No me gusta ver las películas que hago, al menos no justo cuando las termino. Tiene que pasar un año. Porque solo veo errores. Cuando la acabé estaba muy atormentado, pensaba que no era buena, que tenía un montón de fallos. Me pasa con todas.

Después de un tiempo la vuelvo a ver y digo: “Bueno, está bien”. Pero durante el proceso es muy obsesivo. He visto la animática igual 600 veces. Este trabajo es así: son muchos años, cinco o seis de media. Cambias como persona durante ese tiempo, te cansas, te vuelve a gustar, te aburre… es un tiovivo de emociones.

¿Hubo decisiones importantes que tuviste que dejar afuera?

Sí, bastantes. Por cuestión de tiempo o porque no funcionaban. Por ejemplo, lo de la narración fragmentada como gag, que en el corto funcionaba pero aquí no. También personajes que hubo que recortar. La animación es cara, hay que mirar cada minuto. Y al final la película se alargó más de lo que pensaba en algunas partes. La creación no es matemática.

¿Cómo evitás caer en la repetición como artista?

Intentando reinventarte en cada proyecto, buscar influencias diferentes, pero sin perder tu personalidad. En este caso, por ejemplo, es una película coguionizada. Unicorn Wars la escribí yo solo. Aquí es más como una partida de tenis: lanzas una idea, el otro te la devuelve. Es un trabajo más de equipo, y eso también ayuda.

En esta oportunidad trabajaste con un director de arte. ¿Cómo fue esa dinámica?

Es la primera vez en mi vida que trabajo con un director de arte, porque en todas mis películas anteriores lo era yo. Soy ilustrador y dibujante de cómics. En este caso contamos con José Luis Ágreda, que es un director de arte muy conocido en España. Tenemos una comunicación muy buena, porque además de ser amigo, comparte muchas influencias conmigo.

Yo le decía: “Mírate el trabajo de Mary Blair”, la concept artist de Disney en Alicia en el País de las Maravillas. Él también tiene sus propias referencias, y fue muy sencillo trabajar juntos. Queríamos que el color fuese expresivo y narrativo, ligado a las emociones de los personajes. Hay muy pocos colores por escena, dos tonos y sus mezclas. Es algo muy ilustrativo, muy cercano al cartelismo y a la ilustración clásica.

La música tiene un rol muy fuerte en la película. ¿Cómo fue ese trabajo?

Para mí la música es muy importante. Más de la mitad de la película está musicalizada. Trabajo con Joseba Beristain y Víctor García desde hace años. Les paso muchas referencias, que ya coloco en la animática. Les marco un marco, por así decirlo.

En este caso queríamos una mezcla de música clásica y electrónica: ambient, paisajismo sonoro, con violonchelo, piano. Creo que refleja bien el carácter de la película: moderna y clásica a la vez.

Esta sería tu tercera película estrenada de forma internacional. ¿Notás alguna diferencia en cómo se financian o se levantan los proyectos?

Bueno, noté que fue más fácil financiarla. La primera película costó un montón, Psiconautas. La segunda, Unicorn Wars, menos y esta me costó menos financiarla. Y eso es lo importante. Al final, los reconocimientos, que las películas vayan bien, son lo que te permiten sacar más fácilmente otro proyecto. Y bueno, lo mismo con el equipo. Ya tengo un equipo formado de hace un montón de años, artistas, animadores, productores. Y ahora esta película la hicimos en tres años y medio, que es poquísimo. Desde que empezamos a buscar la financiación hasta que la acabamos fueron cuatro años, que es muy poco.

¿Qué sentís que falta hoy en la animación?

Más variedad. El 90% de la animación es para público familiar. No tengo nada en contra, pero echo en falta más propuestas distintas. Igual que en el cine de imagen real. También que se hagan más películas. Parece que hay muchas menos que de acción real.

El anime, por ejemplo, sí tiene más diversidad. La gente joven consume mucho anime, y lo que se está haciendo en Japón es muy interesante.

¿Cómo ves el futuro de la animación con la inteligencia artificial?

Lo veo complicado. Ya se sabe que dentro de cuatro o cinco años el 95% de las películas se van a hacer con inteligencia artificial. Eso va a cambiar todo. Donde en mi película han trabajado 200 personas, trabajarán 20.

No sabemos cómo será el consumo. Probablemente habrá muchísimas más películas. Ya cuesta verlas ahora, imagínate si se multiplica la producción. Es un mundo inquietante. No sé qué va a ocurrir. Ojalá sea positivo, al menos en lo artístico.